lunes, 18 de octubre de 2021

474. Cenizas

Siempre me he preguntado a dónde irán a parar todos esos recuerdos que uno va acumulando a lo largo de una vida una vez se apague la memoria que los retiene, seguramente sublimados. En el mundo en que vivimos, en el que todo es cada vez más virtual: las comunicaciones, las transacciones económicas y comerciales, incluso el sexo o los sentimientos, no creo que tarde mucho en aparecer una plataforma digital que nos ofrezca espacios virtuales, nubes las llaman por ahora, en los que almacenar recuerdos, emociones y sentimientos hasta el fin de los siglos. La verdad es que cuesta aceptar que los recuerdos (me refiero a los bonitos) acabarán absorbidos por un agujero negro en otro espacio, el sideral. Antes de llegar ahí prefiero incinerarlos en vida y depositarlos en los lugares en que fueron generados, como quien devuelve a la vida lo que la vida le ha dado, sin rencores ni nostalgias, sino con serenidad y gratitud. Reflexiones de este tipo casi siempre surgen cuando el verano toca a su fin, y no me refiero sólo al verano estacional, sino también al emocional. Las emociones, de esto estoy totalmente convencido, también tienen sus estaciones; con toda la nostalgia que conlleva todo fin de ciclo, pero al mismo tiempo también con toda la ilusión que genera el inicio de otro. Este verano, en un primer momento sin ser muy consciente de ello, he incinerado bastantes recuerdos y los he ido esparciendo por distintas playas de la geografía española: durante numerosas caminatas por la mañana temprano por la playa de Razo; durante un paseo entrañable en la mejor de las compañías por la playa de el Saler; por los arenales de Benidorm, rodeado de humanidad, feísmo exótico y poesía (donde ha sido disparada la foto de esta entrada); o en una paradisíaca calita de El Grove donde tuve ocasión de recibir el otoño esparciendo el último puñado de cenizas en un mar sin olas, translúcido y sereno.

lunes, 27 de septiembre de 2021

473. Lobo de mar

Atando cabos, un viejo pescador tejió una red y un día, de mañana temprano, salió a pescar con ella en su bote de remos. Las dos primeras veces recogió la red vacía, pero al tercer lance le entró una sirena. Un ejemplar extraordinario: cuerpo perfecto, pechos pequeños y turgentes, piel tersa y morena; una melena dorada que le llegaba a la cintura; su mirar era hermoso y seductora su sonrisa. La cola, de escamas muy suaves al tacto, irisaban bajo los primeros rayos de sol. Pero la intuición de viejo lobo de mar le advirtió al pescador que el infortunio no pocas veces se presenta disfrazado de ventura. Además, a él no le gustaban las medias tintas. Por ello, con mucho cuidado y delicadeza, devolvió la sirena al mar. Antes de sumergirse de nuevo en el agua, la nereida, no sin cierto tono de rencor en la voz, le dijo: - No sabes lo que te pierdes. A lo que el veterano pescador, con la humildad, amabilidad y sabiduría de un monje budista, repuso: - Ni tú lo que yo gano.

Cuando se despertó de su resaca, una bofetada de realidad lo devolvió a su triste existencia: ni ella era una sirena, ni él un lobo de mar.

martes, 14 de septiembre de 2021

472. Solo en casa

Antes mi amo estaba siempre en casa, jugaba mucho conmigo y me sacaba varias veces al día a pasear. En nuestros paseos me encontraba con otros perros, también acompañados de sus amos, hablaba y jugaba con ellos, e incluso hacía nuevos amigos. Pero desde hace unos meses mi amo no juega conmigo ni me saca de casa. En cambio él sale todos los días, casi nunca se pone el bozal y muchas veces no vuelve hasta bien entrada la noche. Yo me paso el día solo en casa, triste y aburrido, merodeando por el pequeño jardín. Para llamar su atención, un día le mordisquee una zapatilla deportiva y otro día hice caca en el felpudo de la entrada. Pero él en vez de preguntarme qué me pasaba me dio una patada. Aquel señor mayor de gafas y pelo blanco que está al otro lado del camino saludando a su vecino acaba de decirle a éste que los verdaderos amigos se reconocen en cómo se comportan con uno cuando ya no te necesitan. No sé lo que significa esa frase, a veces es tan difícil entender a las personas.

jueves, 26 de agosto de 2021

471. Qué tiempos aquellos

En los tiempos que corren el campo visual se estrecha, el presente está lleno de dudas y el futuro es una incógnita por despejar. Así las cosas, es fácil caer en la tentación de mirar con morriña al pasado. Hace poco cayó en mis manos un relato que iba un poco de eso, el cual, resumido y parafraseado, venía a decir más o menos que, qué tiempos aquellos en que se fumaba en la cama (el pitillo de después), en que los sueños no se interrumpían ni con cien despertadores y las noches románticas duraban veinticuatro horas y (como diría Sabina) tropecientos días. Pero, ojito con estos nostálgicos tocamientos mentales, pues como dijo en cierta ocasión un amigo sabio de un amigo igual de sabio: las lágrimas que se vierten por el pasado suelen empañar la mirada al futuro.

domingo, 1 de agosto de 2021

470. 1 de agosto

El día 1 de agosto, día de fiesta nacional en Suiza, un servidor lleva a gala estar de aniversario. Fue un 1 de agosto, el de 1969 para ser más exactos, cuando con apenas siete años llegué a Suiza para reunirme con mis padres, que habían emigrado en mayo del 68 (otra fecha memorable). Al poco tiempo les seguiría mi hermano mayor. Cuando yo me fui, dejaba atrás un año y unos meses de vida campesina en la aldea de mis abuelos. Un año con algunas vivencias desagradables, como la separación de mi familia, el sistema pedagógico de un maestro autoritario y de credo falangista en la escuela unitaria de la aldea (véase entrada 153 de este blog) o los olores de los excrementos de los animales, especialmente el de las gallinas y el de los cerdos. Pero también guardo otros muchos recuerdos, muchísimos, tan bonitos que hace que en su conjunto las evocaciones de aquel año para mí sean tan entrañables. El salto del mundo rural gallego de finales de los años sesenta a un país moderno y avanzado como Suiza para mí fue como cuando el primer astronauta pisó la luna (Neil Armstrong llevó a cabo su hazaña sólo 12 días antes que yo la mía). Ahora que lo pienso, la furgoneta, una DKW creo que era, que nos llevó, entre otros, a unos tíos míos y a mí en un largo viaje hasta el centro de Europa, no debía ser mucho más cómoda que la cápsula del Apolo 11. Y ya puestos a establecer vínculos con la carrera espacial de la NASA (un artilugio con el que mi abuelo solía pescar un motón de truchas en el río Pequeno), yo también tengo mi frase, que, a pesar de no haberla pronunciado en su momento, considero que le da mucho sentido a mi biografía, pues aquel fue un paso insignificante para la humanidad, pero trascendental en mi vida. Recuerdo como si fuera ayer el abrazo con el que me recibió mi madre (este privilegio, mi admirado Armstrong, tú no lo tuviste al pisar la luna). Y si mi memoria no me falla (lo que últimamente suele suceder cada vez con más frecuencia), creo recordar que mi madre me dijo que las banderitas que engalanaban el pueblo donde vivían, las habían colocado por mi llegada. Yo, claro, con la necesidad de cariño que tenía, me lo creí y mi ego sufrió un considerable subidón. Un subidón que, 52 años después, de vez en cuando aún se sigue manifestando para llenarme el alma de nostalgia, el corazón de autoestima y, todo hay que decirlo, la cabeza de vanidad.

miércoles, 21 de julio de 2021

469. Alas rotas

Y un día el ángel de las alas rotas volvió a volar alto, muy alto. Muchas personas no confiaban en que llegaría ese día. Otros, en cambio, sí creyeron. A estos últimos el batir de sus alas les suena a música celestial. Y mientras el ángel se aleja volando y hasta que no desaparezca del todo tras el horizonte, seguirán su vuelo con la mirada atenta, llenos de nostalgia y orgullo.

viernes, 16 de julio de 2021

468. Caso resuelto

El agente Balbuena le pide a su superior que lo acompañe para poder exponerle su teoría acerca del caso Valentini. Se introduce en la jaula y mientras tira con fuerza del rabo a Simba, un felino de 9 años y 147 kilos de peso que dormita en una esquina tirado sobre una brazada de paja, le dice: - Lo ve, inspector, este minino sin ánimo, acabado, sin fuerza ni energía, no pudo haberse cargado a un robusto y experimentado domador como Valentini. Estoy convencido de que el asesino es alguien del circo. El inspector Iriondo no tiene tiempo de plantear ni una sola objeción a la teoría de su subordinado. La leona se revuelve ágil y veloz como una centella y de un certero zarpazo le raja la yugular al temerario agente Balbuena.

- Caso resuelto - musita cariacontecido el veterano inspector.